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¿Por qué la UE es importante para España y los españoles?

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Varios expertos de prestigiosas instituciones analizan los motivos por los que la pertenencia al club comunitario beneficia a España

Las elecciones al Parlamento Europeo del 26 de mayo serán cruciales para la continuidad de la convergencia de los países en el Viejo Continente. El Brexit, la tendencia al proteccionismo, los populismos nacionalistas y la xenofobia son sentimientos que han ido aflorando durante el último lustro y con los que muchos irán a las urnas el próximo domingo. ¿Por qué es importante la UE para España y sus ciudadanos? Esa es la pregunta que han intentado contestar varios expertos de las más prestigiosas instituciones a nivel europeo.

Carmen Martínez Capdevila, Profesora Titular de Derecho Internacional Público en la Universidad Autónoma de Madrid

Mercado. Estar en la UE supone formar parte de un mercado único (el llamado Mercado interior), en el que las mercancías, los servicios, los trabajadores y los capitales circulan libremente, sin obstáculos y sin ser objeto de discriminaciones. Gracias a esto, los bienes producidos en España pueden exportarse a otro Estado miembro sin estar sujetos al pago de aranceles aduaneros y los españoles pueden trabajar (por cuenta ajena o propia, de manera temporal o permanente) en otro país de la UE en condiciones de igualdad con respecto a los nacionales del Estado miembro de que se trate.

Circulación. Para los ciudadanos, la UE implica también la libre circulación y residencia en cualquier otro Estado miembro. Es algo a lo que nos hemos acostumbrado, hasta el punto de darlo por hecho. Hoy nuestra juventud se plantea ir a estudiar en otro país de la UE con cierta naturalidad; lo mismo que viajar.

Más fuertes. En el plano internacional, la pertenencia a la UE refuerza la posición de España. Es evidente que, por ejemplo, las medidas que amenaza con tomar Bruselas frente al proteccionismo de la Administración Trump serán mucho más influyentes que las que podría adoptar España estando fuera de la UE. Y que la UE tiene más fuerza a la hora de imponer su posición en una negociación internacional de la que tendría España actuando en solitario. La Unión Europea ha tenido claramente una influencia modernizadora para nuestro país, España, tanto en el sector público como en el sector privado. La “exposición” a otros países ha tenido ese efecto.

Pol Morillas, director del CIDOB de Barcelona

Progreso. En su historia reciente, España siempre ha mirado a Europa como sinónimo de progreso y punto de anclaje para sus reformas políticas, sociales y económicas. Durante la transición, el proyecto de pertenencia a la UE sirvió de faro para la consolidación democrática, a la vez que la integración en el mercado único abrió un mundo de posibilidades para las empresas españolas.

Sin embargo, desde la crisis, los españoles han echado de menos un impulso a la agenda social europea, venida a menos como consecuencia de las medidas de austeridad —que han comportado un aumento de la desigualdad interna y entre países— y por la falta de mecanismos de convergencia social y económica entre el norte y el sur de Europa. Sin perder su vocación europeísta, los españoles se han vuelto más euro-críticos.

Oportunidades. El Brexit, las discrepancias internas en el eje franco-alemán, la deriva autoritaria del Gobierno de Polonia y euroescéptica del de Italia generan oportunidades para un papel más activo de España ante el nuevo ciclo político europeo. Consciente de que el liderazgo de la futura Europa será compartido, España puede convertirse en una potencia nodal. Tanto en el plano interno, donde sigue comprometida con el proyecto de integración europea y puede facilitar acuerdos entre los países grandes (Alemania y Francia) y estos con el resto de Estados miembros; como en el externo, donde puede actuar de puente con un Mediterráneo que cada vez más dirige su mirada hacia África y una América Latina que sigue teniendo a España como principal punto de entrada a Europa.

Luis Simon, director de la oficina de Bruselas del Real Instituto Elcano

De más Europa a más España en Europa. Se suele decir que Europa es un multiplicador de poder, influencia, seguridad o prosperidad para España. Pero eso solo es cierto en la medida en que sea una Europa que refleje los intereses y valores de España. Para que un Estado como España sea influyente, no basta con apostar por un multiplicador de poder como la UE; es también indispensable que España tenga poder dentro de la UE, y que la dirección de Bruselas refleje (en buena medida) las prioridades de Madrid. Dicho de otra forma, la idea de que ‘más Europa’ o ‘más UE’ es buena para España no es válida en sí misma, es decir, de forma abstracta o incondicional. Es importante que hagamos la transición conceptual de un etéreo ‘más Europa’ a un ‘más España en Europa’. Creo que esa es una transición conceptual que tenemos que hacer todos en España: los políticos, los intelectuales, académicos y creadores de opinión y también nuestros diplomáticos. A menudo nos hemos caracterizado por un europeísmo beato, no crítico.

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El elemento de competición entre Estados miembros respecto a la dirección política que la UE debe tomar es el pan nuestro de cada día en Bruselas. La definición y el rumbo de Europa no son algo que pueda darse por sentado, sino que hay que pelearla políticamente, como decía Felipe González. Esto es algo que otros países europeos tienen muy claro y que nosotros quizás hemos tenido menos claro, seguramente por razones históricas. Pero parece que podría estar cambiando. Por un lado, está la transición generacional en España; a diferencia de los años 80, ya no se ve tanto a Europa o a la UE como aval de la condición democrática de España, ya consolidada tras décadas de libertad. Por otro lado, como resultado de las sucesivas ampliaciones y de su propio desarrollo económico, España pasa de ser país receptor de fondos europeos a ser país emisor. Estos cambios nos dan una posición de más fuerza a la hora de diseñar proactivamente la agenda europea.

La UE como multiplicador de influencia. La UE ofrece a España un marco para multiplicar su llegada en muchos ámbitos. Un ejemplo claro es la innovación tecnológica en áreas como la inteligencia artificial o la robótica. Aquí, la cooperación europea ofrece a España economías de escala en materia de I+D de capacidades sin las que a nuestro país le sería más difícil optar a soluciones punteras. Esto es aplicable tanto al ámbito civil como al militar. En lo que a política exterior se refiere, la UE representa una plataforma útil para proyectar nuestra influencia en regiones y mercados pujantes donde quizás tengamos menos entrada por nosotros mismos.

Más allá de Europa. En un mundo cada vez menos Eurocéntrico, ni el devenir de Europa ni el de la UE pueden entenderse al margen de dinámicas geopolíticas más amplias, entre las que cabría destacar la creciente competencia estrategia entre EE UU y China y el desplazamiento de centro de gravedad geoestratégico global hacia el eje marítimo Indo-Pacifico. Es importante, por tanto, que el debate de política exterior español no se limite a Europa, ni esté completamente mediatizado por la UE, aun reconociendo su enorme utilidad y condición de multiplicador de influencia para España.

Albane Demblans, Coordinadora de políticas del Centro Común de Investigación de la Comisión 

Erasmus. Con dos tercios de sus exportaciones realizadas en la UE (Eurostat datos de 2016), más de 40.000 estudiantes españoles realizando una estancia en el extranjero en el marco del programa Erasmus+ (datos de 2017 de la Comisión Europea) y cerca de 40.000 millones de euros de los Fondos Estructurales y de Inversión Europeos asignados a España entre 2014 y 2020, no faltan los ejemplos para ilustrar los beneficios de la Unión Europea para España.

Empleo. Las políticas sociales europeas promueven el empleo, la educación y la formación, y contribuyen a mejorar las condiciones de vida y de trabajo, a proporcionar una protección social adecuada y a combatir la exclusión social. Por ejemplo, España recibió 3,2 mil millones de euros de la Iniciativa de Empleo Juvenil y del Fondo Social Europeo para ayudar a la integración de los jóvenes en el mercado laboral.

Proyectos ciudadanos. Desde un punto de vista económico, la prioridad principal de la Comisión Juncker ha sido impulsar el crecimiento y la inversión para crear empleos. El Plan de Inversiones para Europa ha apoyado hasta el día de hoy una amplia gama de proyectos y pequeñas empresas en España, movilizando más de 42.000 millones de euros en inversiones adicionales. Estos proyectos abarcan desde viviendas sociales en Navarra, hasta autobuses de energía limpia en Palma o tecnología médica a medida para tratar huesos rotos.

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