Montse Tomé, una referente en el banquillo

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Montse Tomé, durante la concentración de España en Las Rozas – Mundial femenino de Francia 2019

La exjugadora de Oviedo Moderno, Levante y Barcelona, que también fue internacional, es la única mujer en el cuerpo técnico de Jorge Vilda

De Oviedo a Madrid, 450 kilómetros mediante, a Montse Tomé, 37 años, le cambió la vida en lo que se tarda en descolgar un teléfono. Sonó hace poco más de un año cuando Jorge Vilda, el responsable de la selección que estos días disputa el Mundial de fútbol en Francia, marcó su número para proponerle, al mismo tiempo que se presentaba, ser su ayudante técnica al frente del equipo nacional. Ella, exjugadora de Oviedo Moderno, Levante y Barcelona y cuatro veces internacional, se tiró a la piscina de cabeza, sin pararse siquiera a soltar el teléfono.

Es lo que ocurre cuando el fútbol parasita a obsesionadas como Tomé, el no va más cuando se trata de repasar una y otra vez partidos, entrenamientos o pizarras pintarrajeadas con esbozos de lo que en su cabeza debería ser este equipo. «Me gusta y por eso le dedico tanto tiempo. Es lo que siento. Jugar ya me hacía encontrarme mejor conmigo misma. Era meticulosa con la disciplina, y aquí también me gusta tenerlo todo controlado. Me levanto cada día pensando que pueda ser el último», explica en conversación con ABC.

Profesora de Educación Física en un colegio, nunca pensó que el fútbol pudiese ser su principal vía de ingresos una vez que colgase las botas. El repunte del fútbol femenino, la suerte o el fruto del trabajo de toda una vida, qué más dará, han dado con la única mujer que ostenta un cargo en el cuerpo técnico de la selección femenina. Bastan unos minutos atendiendo a los entrenamientos del equipo para concluir que no hay voz, ni siquiera la de Vilda, que se oiga más veces que la de Tomé. Aunque cautelosa, poco dada al griterío, anima o invita a las futbolistas a hidratarse cuando el silencio domina la escena. Carpeta en mano, es una más en los rondos. Retuvo toque porque tuvo, y está en plena forma gracias a su afición por sudar empapar la camiseta, lo mismo le da una pelota que echarse al monte con la bicicleta. Su cuenta de Twitter está llena de fotos en algunas de las cumbres más conocidas del país. Toca escucharla, pues ella estuvo en los días más negros de este deporte, peleando por que lo que hoy se está viviendo en Francia fuese más que un deseo inasequible.

«Cuando hablo con ellas, no veo que hagan ninguna distinción conmigo», explica. «Yo asumo el rol de segunda entrenadora. Jorge es el líder, seguimos su idea, y mi trabajo es ayudar», continúa, antes de zanjar: «Esto va de entender a las personas y al juego, no de ser hombre o mujer».

Barrera

Todos los caminos de Tomé apuntan en la misma dirección. Además de trabajar como profesora hasta que recibió el reclamo de la Federación, tiene un campus en Asturias donde promueve el valor del deporte como vía para potenciar una educación solvente. Ahora, como entrenadora –se sacó el título justo antes de mudarse a Madrid–, sigue con la enseñanza como rutina. Es, aunque desde un segundo plano, un ejemplo para las mujeres que todavía enfrentan una última barrera indemne, la de los banquillos. Basta la Liga Iberdrola como ejemplo mediante el cual entender que no todo está conseguido en esta evolución en marcha del fútbol: sólo María Pry e Irene Ferreras (Levante y Valencia) figuran como entrenadoras en la máxima categoría del fútbol femenino español.

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