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Entre Tolkien y los Jemeres Rojos: 23 interpretaciones de ‘Juego de tronos’

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Directores teatrales, historiadores, politólogos, guionistas y escritores tratan de explicar el éxito de la serie

Juego de tronos es, tal vez, el producto audiovisual que más análisis —entre teorías peregrinas y certeros puntos de vista— ha provocado en los últimos tiempos. Como aperitivo al capítulo final, pedimos a directores teatrales, historiadores, politólogos, guionistas o escritores que, desde sus respectivas áreas de conocimiento, arrojen luz sobre los secretos del éxito de la serie y también sobre sus pegas.

Martín Caparrós, escritor. (Atención, spoiler: el primo de Caparrós es Miguel Sapochnik, director de algunos de los episodios más comentados; empezó a ver la serie para comprobar a qué se dedica su “primo pequeño de Londres”). “Me interesa la constatación de cómo se pueden reformular las miradas sobre la Historia. Lo que creemos que es la Historia es un invento, y el hecho de que esta lo sea explícitamente lo pone en evidencia. En un momento en que la serie me pareció particularmente buena traté de leer el libro [la serie se basa en los libros de George R. R. Martin] y es infumable. Me gustan estas demostraciones de la superioridad de lo audiovisual sobre lo escrito que nos ponen en nuestro lugar, nos humillan lo suficiente como para recordarnos cuáles son nuestros potenciales”.

Luna Miguel, poeta. “Daenerys un personaje al que han jodido mucho y que está echando toda la mala baba que le quedaba después de aguantar y aguantar. También me gusta mucho Sansa, pero no creo que la serie sea feminista. Hay personajes femeninos muy fuertes, muy empoderados, pero esos personajes, en su momento de mayor empoderamiento se han encontrado con el mayor de los muros. Por mucho que nos gusten, Cersei o Daenerys son dos mujeres que tienen que hacer la guerra como la hacen los hombres, o sus maridos, o sus violadores”.

Alejandro Martín, historiador especializado en arquitectura naval medieval. “Tiene similitudes con la Baja Edad Media y, en particular, con la Inglaterra de la Guerra de las dos rosas. Hay familias que luchan por un trono, un muro, salvajes… Otros elementos no tienen nada que ver, como los dothrakis, que remiten a los hunos. Los consejeros del rey recuerdan a los del Renacimiento, personas de extracción humilde gracias a cuya inteligencia y estrategia llegaban a la primera línea política. Las embarcaciones también son como las del final de la Edad Media. El fuego valyrio está inspirado en el fuego griego, elemento balístico que tenía el Imperio Romano de Constantinopla; un líquido incandescente que se potenciaba en el contacto con el agua. Y las batallas navales medievales, que eran un caos, están logradas”.

Luis Alberto de Cuenca, poeta. “Canción de hielo y fuego [saga de novelas anteriores a la serie] es un inteligentísimo cóctel en el que se mezclan a partes iguales Shakespeare y Tolkien. Como yo adoro a ambos, ese cóctel me ha hecho especialmente feliz. Tyrion Lannister es el personaje más rico en matices y más shakespeareano de la serie. Recuerda a Hamlet o el Mercucio de Romeo y Julieta. No sé cómo terminará, pero sé cómo me gustaría que terminase. Soy partidario de los happy endings. De modo que se casen Daenerys y Jon Snow y a otra cosa mariposa”.

Carme Portaceli, directora del Teatro Español. “Sus personajes son tremendamente teatrales. Ese momento en el que Cersei, antes de morir, mira sus manos ensangrentadas es muy Lady Macbeth. Aunque mis preferidos son Arya, porque es una superviviente extraordinaria, y Khaleesi, porque representa la socialdemocracia. Es verdad que en el último capítulo que hemos visto arma una masacre, pero hay que entender que es humana: a veces uno no puede responder de otra manera a la provocación. El trono tiene que ser para una mujer. Lo contrario sería una decepción.

Pablo Simón, politólogo. “La historia es un mito de cultura pop, pero está muy anclada en dilemas y reflexiones clásicas del poder, como la escena entre Cersei y Meñique en la temporada uno, cuando este le amenaza con contar un secreto diciendo: ‘La información es poder’. Ella ordena a sus guardias que le maten para recular solamente en último segundo y corregirle: ‘El poder es poder”.

Virginia Yagüe, guionista. “Lo mejor de la serie es lo inesperado. A la vez, es también lo peor, cuando lo fuerzan, como en la última temporada. El guion me parece muy práctico, consigue lo que quiere: levantar una gran expectativa. Tiene un punto artificial en la estructura, y altibajos entre las temporadas. La primera y la séptima están entre las mejores; hay otras intermedias, y otras peñazo, con demasiados capítulos discursivos, para luego pegar un giro. Me da rabia, pero creo que va a quedarse el trono Sansa, un personaje que me parece banal y que han descubierto tarde”.

Javier Rodrigo, historiador experto en guerras civiles. “Que Daenerys haya recurrido a la guerra de tierra quemada, al genocidio, me recordó a Pol Pot y a los Jemeres Rojos en Camboya, que practicaron el asesinato en masa de los urbanitas porque representaban la podredumbre, la decadencia, mientras el campo era lo puro; eso es algo muy presente en los fascismos. Las guerras que se ven son muy clásicas, en general limitadas a los ejércitos, pero los guionistas han demostrado ser malos estrategas, ¿qué es eso de sacar fuera de las murallas al Ejército que defiende una ciudad? ¡Eso se hace desde dentro!”.

Mariana Enríquez, escritora. “Lo que están haciendo es difícilísimo. Stephen King decía el otro día en Twitter: ‘¿Qué creen, que es fácil hacer esto?’. No lo es. La queja de los espectadores en redes sociales es propia de esta época de insatisfacción absoluta y muestra la incapacidad para establecer un pacto con la ficción que sea grato y en el que se acepte que todo no va a ser absolutamente perfecto”.

Borja Cobeaga, guionista. “Meñique es mi personaje favorito y Jon Snow y Daenerys los que menos soporto. Acabarán matándose entre ellos. Él ha hecho el ridículo toda la temporada. Khaleesi nunca me gustó: me parecía una noña y una flipada. Aun así, no tengo más que alabanzas para el guion. Nos han tenido casi una década enganchados, aunque esta última temporada es más floja, por una mezcla de precipitación y lentitud”.

Yásana Elena A. Gil, escritora. “En la cultura mixe, el número tres es el que articula las narraciones fundacionales. Contrasta con la oposición dual entre el bien y el mal que explica una buena parte del mundo narrativo de la cultura occidental. Sobre esta oposición descansan muchos de los relatos fundamentales que la explican. Juego de Tronos es un manual del funcionamiento de la cultura occidental en donde a los pueblos dothraki del mundo no nos permitirán nunca relatar la historia en triadas, pero ha sido a la vez el intento audiovisual más radical de dinamitar esa oposición dual sobre la que descansa”.

Andrés Lima, director teatral. “Es una buena serie, pero solo siembra sangre, nadie aprende. Tiene cierta inspiración de Shakespeare en las luchas por el poder y el aire medieval, pero William sólo fue tan cruel en Tito Andronico. Lo que sí me gusta y creo que es muy shakespeariano es su toma de partido por enanos, brujas, tullidos y putas”.

Vega, cantante. “Para mí hay dos tipos de series, las buenas series y las que enganchan. Juego de tronos tiene ambas cosas. Y sobre todo da una sensación de ver perfectamente representado el mundo en que vivimos, a veces, con la crudeza que no somos capaces de asimilar en un telediario; disfrazado de fantasía es todo más digerible. Tengo especial predilección por Cersei, Tyron y Arya desde el principio. La Madre de Dragones me parece un personaje necesario, pero no me dice nada. Ya solo tengo curiosidad por ver cómo la finalizan, no me va a importar tanto quién ocupe el incómodo Trono de Hierro. Como en un buen disco, la primera y la última canción lo que hacen es redondear la obra completa”.

Eduardo Vasco, director teatral, responsable de la Compañía Nacional de Teatro Clásico de 2004 a 2011. “Su desmesura me recuerda a las tragedias españolas renacentistas, donde a menudo se busca sorprender e impresionar al espectador con golpes de sangre. Mi personaje favorito es Ned Stark, un hombre marcado por el destino, un héroe trágico y un buen tipo. Todavía no he superado su desaparición. Para el trono, yo apuesto por la resurrección de Khal Drogo… No, en serio, Arya es la más adecuada por experiencia. ¡Menuda mujer!”.

Israel Elejalde, actor. “La serie bebe de fuentes shakespearianas. Hay mucho de la forma de pensamiento de sus tragedias: el retrato de la ambición, de la inseguridad que provoca la pelea continua por el poder, el deseo mimético que mueve las pasiones de los personajes, ese estado de naturaleza continuo que provoca que la venganza y la violencia siempre estén presentes. Una especie de nihilismo traspasa toda la serie. Sobre sus protagonistas, me quedo con dos: Sansa Stark y Jamie Lannister. El arco de estos personajes y el crecimiento de los actores con ellos ha sido magnífico. Y sin duda mi momento preferido es La boda roja, historia de la televisión. Nunca había visto nada igual”.

Alicia Miguélez, subdirectora del Instituto de Estudios Medievais de Lisboa. “La serie me entusiasmó al principio, había leído algo de los libros, que están en la línea de El señor de los anillos, pero la dejé con La boda roja. Me pareció demasiada violencia gratuita, no se justificaba en la trama. Creo que la Edad Media está muy manipulada y tergiversada en la serie. Aquel mundo no era así, se subrayan temas como el enfrentamiento y los hijos ilegítimos que, como en el caso de Jon Snow, luego no lo son. De los personajes me ha interesado Arya, una niña que no tiene infancia. Y luego están los consejeros que intentan guiar el comportamiento de los príncipes. Esto se basa en los llamados Espejos de príncipes, libros que había en las cortes con consejos de gobierno”.

Enrique Díes, doctor en Arqueología. “En el enfrentamiento entre los caminantes blancos y el ejército de Jon Snow, la estrategia del protagonista solo serviría contra un ejército convencional, por lo que la derrota sería completa. No tiene sentido mantener los dragones en reserva, pues han de estar siempre en el centro. El error ocurre igual cuando se enfrentan las tropas Daenerys y las naves de Euron. Atacan por el lado incorrecto. Lo más sencillo hubiera sido por popa. La flota de Euron navegaba con los buques muy cerca unos de otros y sin poder maniobrar, lo que les convertiría en una sucesión de piras funerarias. Son errores muy llamativos, como que las espadas de obsidiana tengan formas redondeadas. Para fundirlas y crear este tipo de armas sería necesaria la temperatura de un alto horno. Es un despropósito que tengan marcas de talla”.

Bernard Minier, escritor francés. “Es una construcción sofisticada con personajes complejos y ricos, incluidos personajes secundarios que nunca son simples siluetas, muchas referencias a la tragedia griega (todos esos parricidos, infanticidios, incestos) y a Shakespeare. Pero lo que me seduce especialmente son los personajes femeninos: Daenerys, la intransigente, la liberadora que se convierte en déspota, como ocurre siempre; Cersei, una mezcla de Lucrece Borgia y Lady Macbeth; o Arya Stark, reina de los asesinos, el típico marimacho. Apostaría un euro a que Jon Snow, ayudado por Arya Stark, asesina a Daenerys, pero ¿qué pasa con el dragón?”.

Alfonso Mateo Sagasta, escritor de novela histórica y arqueólogo. “El gran valor de Juego de tronos es que juega constantemente con el espectador. No hay nada previsible. Te hace encariñarte con personajes a los que mata. Eso crea una cierta adicción porque ya no sabes con quién te tienes que quedar. Además, mezcla muy bien historia medieval, con historia de los siglos XVI y XVII, relaciones de Estado, mitos, dragones y zombies. Pero no creo que sirva como metáfora del mundo actual más allá de que retrata las grandes pulsiones humanas. Ni siquiera es original. Los mitos que maneja están en todas las historias nacionales europeas: la reunión de los nobles para matarlos a todos está tanto en la campana de Huesca como en El Padrino. Como mucho, hay un cierto paralelismo con el poder de la Iglesia en el primer momento del cristianismo reinante”.

Sofía Montenegro, escritora. “Es un relato de venganza, de esa que se sirve en caliente y sin asco. El juego del poder es solo el arco en el que se hilvanan todas las vidas, ciudades y territorios destrozados a lomos de ambición, espadas y dragones. Nos gusta a todos y nos identificamos con distintos personajes como victimarios o víctimas, porque siempre hay alguien en nuestras vidas que nos “las debe” o a quien quisiéramos pasarle la cuenta. Por eso la serie nos engancha y tiene resonancia en nuestro presente. Por ejemplo, en Nicaragua los que la vemos no podemos dejar de identificar los crímenes de lesa humanidad, las torturas, las humillaciones, los prisioneros y la crueldad con que somos tratados, con las barbaridades que pasan en Poniente. Y sí: envidiamos la posesión de los dragones de Daenerys para quemar hasta sus cimientos la guarida del par de asesinos que ocupan nuestro Desembarco del Rey”.

Natxo López, guionista. “Es una serie muy bien escrita, más allá de errores puntuales en momentos mal resueltos. El fenómeno que ha generado jamás se hubiera producido con unos guiones chapuceros, por mucho dinero que se hubiera invertido en el rodaje. Lo mejor es su capacidad para entretener, gracias también a la valentía de Martin, dejando claro que podía pasar de todo. La gente que critica esta temporada no entiende que el objetivo de un guionista de una serie así no es que el espectador piense: ‘qué bien escrito está’, sino: ‘quiero ver más’. En cuanto a lo peor, me habría gustado un poco más de complejidad en el desarrollo de algunos personajes y de sus relaciones. Mi favorito es Tyrion, el que más representa al espectador porque vemos desde el principio a través de su mirada. Creo que acabará reinando junto con Sansa”.

Alba Lucio, guionista. “Admiro la capacidad de manejar esa enorme cantidad de personajes y tramas, y haber sabido mantener el interés durante tantas temporadas. Y eso, independientemente de que nos guste o no el final, ya es un éxito e historia de la televisión. Han sido inteligentes y nos han sorprendido la mayoría de las veces. Lo mejor: el reparto, las localizaciones y el guion. Y centrándome en esto, lo mejor han sido la trama de Arya, Cersei (una de las mejores villanas televisivas de todos los tiempos, si no la mejor) y la muerte de Hodor. Lo peor: las escenas de sexo sin contenido narrativo. Mi apuesta es que Daenerys matará a Jon Snow”.

Sara Ingram, guionista. “No tengo ni idea de cómo va a terminar la serie, ni tampoco me importa mucho: lo que de verdad me apetece ver son las aventuras de Dunk y Egg. Por apostar, diría que Sansa ocupa el trono y Tyrion es la Mano de la reina. He leído que HBO quería 10 temporadas, pero Benioff y Weiss decidieron terminar para irse a Star Wars. Creo que lo que ha molestado a muchos fans no es el qué, sino el cómo. Para llegar a algunos sitios han dado saltos o abandonado la evolución de algunos personajes. Para mí, en todo caso, lo mejor son los dúos Brienne+Podrick y El Perro+Arya. Lo peor es la pareja Jon+Daenerys. Y Dorne, que en la serie es una horterada”.

Con información de Raquel Vidales, Tom C. Avendaño, David Pérez Marcial, Luis Pablo Beauregard, Vicente G. Olaya, Manuel Morales, Tommaso Koch, Juan Carlos Galindo, Fernando Navarro y Javier Rodríguez Marcos.

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